Funcionalidad del psoas
El psoas es el músculo también llamado «MÚSCULO DE LA SUPERVIVENCIA», está implicado en la percepción de seguridad y confianza con uno mismo y con los demás.
Nuestra manera de relacionarnos, afectos y lo que llaman ansiedad social o relacional están más relacionados con este músculo de lo que imaginas.
Es el músculo más profundo y estabilizador del cuerpo humano. Su función principal es la estabilidad física del cuerpo, afectando a nuestra movilidad, nuestro equilibrio estructural, la amplitud de movimiento, la función articular, la flexibilidad y el funcionamiento de los órganos del abdomen.
Es el músculo fundamental en la marcha y el responsable de que podamos caminar y correr.
La marcha se produce en la medida en que el psoas libera la tensión y permite que el patrón de pierna brazo se produzca. Si alguna vez has experimentado o has visto una transición en triatlón al pasar de la bicicleta a la carrera puedes hacerte a la idea de lo que supone tener exceso de tensión o acortamiento en este músculo (literalmente no puedes correr derecho).
Además de su función para ayudar a mantener el cuerpo erguido y en movimiento, se cree que el psoas nos permite conectarnos con el momento presente, especialmente cuando se libera la tensión en él acumulada.
Mensajero de seguridad y peligro
Recientes investigaciones indican que el psoas es vital para nuestro bienestar psicológico además de para la salud estructural. Liz Koch, autora de de The psoas Book, afirma que nuestro psoas “encarna literalmente nuestra necesidad más profunda de supervivencia y más profundamente con nuestro deseo elemental de florecer”.
Esto significa que hay mucho más en el psoas de lo que uno podría pensar inicialmente.
El psoas es el único músculo en el cuerpo humano que conecta la parte superior del cuerpo con la parte inferior del cuerpo. Se adhiere a las 5 últimas vertebras de la columna vertebral inferior, se mueve a través de la pelvis y se conecta en la parte superior del femur. También se conecta al diafragma a través de una capa de tejido fascial, por lo que también está conectado a la respiración.
El psoas está enterrado profundamente dentro del abdomen y es difícil acceder a él pues es un área difícil de alcanzar. Se necesita más que estiramientos estáticos o una pelota de tenis y rodillo de espuma para desbloquear o liberar al psoas de su rigidez.
El Psoas es también el mensajero primario del sistema nervioso central, por lo que es considerado un portavoz de emociones ( de las mariposas en la tripa). Esto es debido a que el psoas, como hemos mencionado anteriormente, está conectado con el diafragma a través del tejido conectivo o fascia, por lo que se ve afectado tanto en la respiración, como en el miedo reflejo y la ansiedad. Koch cree que el esto se debe al vínculo directo entre el psoas y la parte más antigua de nuestro tronco encefálico y médula espinal, llamada cerebro reptiliano.
Según Koch, “mucho antes de que se desarrollara la palabra hablada o la capacidad de organización de la corteza, el cerebro reptil, conocido por sus instintos de supervivencia, mantuvo nuestro núcleo esencial en funcionamiento”.
La forma en que vivimos hoy, constantemente corriendo, compitiendo y logrando, hace que el psoas se encuentre en un estado constante de “lucha o huida”.
Un psoas tenso manda señales de tensión al sistema nervioso, interfiere en el movimiento de los fluidos y afecta a la respiración diafragmática. De hecho, el psoas está íntimamente involucrado en las relaciones físicas y emocionales básicas, que cuando está tensionado de forma crónica, está enviando al cuerpo continuas señales de peligro, por lo que puede repercutir en el agotamiento de las glándulas suprarrenales y del sistema inmunológico. Esta situación se ve agravada por nuestra vida sedentaria, la gran cantidad de horas que pasamos sentados en una silla, la forma de sentarnos, o por las posturas de nuestros hábitos diarios, que reducen nuestros movimientos naturales y constriñen aún más el musculo.
Un estilo de vida acelerado y el estrés generan adrenalina que crónicamente tensan el psoas, preparándolo para correr (respuesta de huida), entrar en acción (respuesta de lucha) o encogerse para protegernos (posición fetal), siguiendo el instinto natural de supervivencia.
Síntomas y trastornos
Si constantemente mantenemos el psoas en tensión debido al estrés, el cerebro recibe la información de que estamos en constante peligro y con el tiempo empieza a acortarse y a endurecerse.
Se dificultará nuestra postura y las funciones de os órganos que habitan en el abdomen, dando lugar a problemas como:
Dolor de piernas, espalda baja o caderas
Dolor de cabeza
Problemas de disco
Ciaticas
Caminar con dolor o malestar
Bloqueos de caderas
Problemas para dormir
Lentitud en el día a día
Ansiedad
Depresión
Problemas respiratorios
Problemas digestivos
Sistema inmunológico comprometido
Cuestiones circulatorias
Pérdida del rendimiento sexual
Menstruaciones dolorosas
Falta de energía para el deporte o para el día día
Salud física y psicológica en un «clik»
Un psoas liberado permite alargar mucho más la parte delantera de los muslos y permite a las piernas y la pelvis moverse con mayor fluidez e independencia. Crea una alineación pélvica neutra, estabiliza las caderas apoya la parte inferior de la columna y el abdomen, apoya los órganos en la cavidad pélvica y abdominal y le da una mayor movilidad y fuerza al cuerpo.
Mejora la posición de la columna y de todo el torso, con la consecuente repercusión en la mejora de las funciones de los órganos abdominales, en la respiración y en el corazón.
Un psoas sano estabiliza la columna vertebral y proporciona apoyo a través del tronco formando además en buen estante para los órganos abdominales.
En otras palabras, cuando cultivamos la salud de nuestro psoas se reavivan nuestras energías vitales y conectamos de nuevo con nuestro potencial creativo.
El psoas sería como el interruptor que bloquea o libera nuestra energía, nuestra química ayudando a canalizar y regular nuestro estado de activación o desactivación, regulando y ayudando a nuestra salud física y emocional.
El nivel de tensión que tiene el psoas es el criterio que usa el cerebro para evaluar la seguridad y peligro del momento. Y si el “vaso” está lleno… va a interpretar la situación, de forma incoherente con el momento presente y esto va a repercutir directamente en la forma de relacionarnos con los demás.

